Epistemologías Feministas: El rol de las mujeres científicas en la ciencia y su representación en la cultura popular.

introducción

Hablar de epistemología feminista es hablar de muchas cosas al mismo tiempo. Es hacer referencia a una serie de problemas muy complejos que se refieren unos a otros formando un entramado altamente complejo que presenta muchos matices dignos de ser analizados. Hablar de epistemología feminista es tan rico, entonces, como hablar de la mujer misma. No hay una única respuesta, ni se busca una única respuesta, se buscan caminos que permitan comenzar a desarticular aquellas estructuras que han mantenido a las mujeres excluidas de esa especie de secta altamente restrictiva, androcéntrica, que es la ciencia.

Las mujeres mantienen, incluso hasta el día de hoy, una relación complicada con el conocimiento científico, y no por nada el número de mujeres científicas se mantiene considerablemente inferior al número de hombres en estas disciplinas. Su rol siempre se ve condicionado, moldeado y limitado por un contexto que valoriza aquellas características que le son propias al hombre, a saber, neutralidad, objetividad y universalidad. Ante esto varias pensadoras pertenecientes al movimiento feminista han alzado sus voces y ha denunciado en sus trabajos esta desigualdad que nos afecta directamente y es un síntoma de un problema más profundo. Existe de hecho un contexto social, histórico, económico, político, ideológico y cultural que no hace más que propagar estas visiones y continúa favoreciendo la reproducción de estas conductas de generación a generación. Si bien es verdad que en la actualidad se ha producido un avance considerable el trabajo está lejos de estar terminado.

Epistemologías Feministas

Existen dentro de la epistemología feminista diversos modos de abordar el problema de la mujer y la ciencia, o la mujer en la ciencia, que podrían agruparse en tres grandes grupos uno conservador, otro liberal y uno radical (MAFFIA, 2007).

El primero de ellos, tiene como objetivo hacer visibles a las mujeres que hay contribuido a la ciencia y han sido relegadas a segundo o tercer plano por las corrientes dominantes de la historia de la ciencia. Si bien este abordaje tiene su valor, no resulta lo suficientemente profundo en su análisis, el hecho de simplemente poner a ciertas mujeres en el lugar que normalmente ocupan los hombres es un modo de seguir reproduciendo la misma idea de ciencia. Sumar algunos pocos rostros femeninos a la historia no cambia el hecho de que estas mujeres sean consideradas excepcionales, como si su femineidad fuera un obstáculo que estas dichosas científicas pudieron eludir logrando de ese modo elevarse por sobre el resto. Su distinción se acerca más a esa superación que a su aporte al conocimiento. El hombre, que por cierto siempre blanco y de clase media, sigue dicando las reglas que rigen a la ciencia, sigue siendo el parámetro fundamental, la vara con la cual se mide todo. Y ese todo incluye la delimitación de aquello que vale la pena estudiar, lo que queda por fuera de esa demarcación, completamente arbitraria, no es digno de atención científica (HARDING, 1987): la experiencia masculina es de este modo la única válida y pocas mujeres que logran cumplir con las expectativas establecidas deben amoldarse a eso.

No incluir las experiencias de las mujeres en el abordaje del conocimiento científico, trae como consecuencia negarle a la ciencia un conocimiento distinto, más profundo y ciertamente más complejo que no haría más que enriquecer al campo. Autoras como Sandra Harding proponen precisamente tomar como punto de partida la vida de las mujeres, para poder ver las situaciones que necesitan ser investigadas, y determinar qué podría resultar útil de la interrogación que ellas mismas se hacen acerca de sus realidades (BACH, 2010). Ampliar el espectro de conocimiento posible dentro de la ciencia sería, de este modo, una tarea loable que traería consigo consecuencias positivas.

El segundo abordaje posible es el comúnmente denominado liberal, y se conecta directamente con el problema de la participación que las mujeres han tenido en la ciencia, haciendo especial énfasis en las dificultades a las cuales científicas se enfrentan al momento de acceder a los medios de producción científicos y el status que tienen entre sus colegas masculinos (MAFFIA, 2007). A simple vista se ve que el número de mujeres científicas es alarmantemente reducido, y no sólo eso, sino que generalmente tienen salarios inferiores al de sus colegas hombres, además de poseer muchísimas menos posibilidades de recibir fondos para sus investigaciones e incluso dirigir equipos de trabajo.

La falta de mujeres en la ciencia no hace más que explicitar con claridad los problemas que los trabajos pertenecientes al abordaje anterior muestran. Sin embargo, esta situación dista mucho de ser casual, el hecho de que por mucho tiempo la misma idea de que las mujeres pudieran ser sujetos de conocimiento ha tenido un profundo impacto, en especial en aquellas que han decidido dedicarse a este campo de conocimiento (KELLER, 1991). La ciencia dominada por hombres se ha encargado de propiciar que las mujeres ingresen a ella, y las que sí lo hacen deben superar muchísimos más obstáculos que sus contrapartes masculinas. Esta perspectiva se complementa con la que mencionamos más arriba, son síntomas del mismo problema, sin embargo, si las tomamos por separado pierden el poder de penetración necesario para cambiar esta situación.

El último abordaje mencionado es el llamado radical, que agrupa aquellos trabajos que sostiene que la mera inclusión de las mujeres en el campo científico no es suficiente. Claramente aquí se puede observar una búsqueda por emendar las falencias que los abordajes anteriores han presentado. Uno de los preceptos fundamentales que se propone eliminar es la idea del sujeto de conocimiento neutral, objetivo y universal; para las teóricas feministas no existe algo así como un sujeto puro, completamente objetivo, sin ningún tipo de condicionamiento como la ciencia ha pretendido (MAFFIA, 2007). La ciencia es una construcción social y como tal se encuentra atravesada por determinaciones de las cuales no podemos desentendernos y el género es uno de los sesgos más fuertes que el feminismo se propone desterrar, no hay nada natural que justifique el lugar que se le ha asignado a las mujeres, y es menester darse cuenta de ello (KELLER, 1991). Las analogías que existen entre la actividad propia de la mente masculina y la pasividad que le corresponde a la femenina, o la relación directa entre la objetividad del hombre contra la subjetividad o sentimentalidad de la mujer, son claros ejemplos del problema en cuestión.

Como podemos comenzar a vislumbrar a partir de lo mencionado hasta ahora, el tratamiento la problemática en cuestión conlleva un trabajo arduo, plagado de dificultades que exceden el campo meramente teórico y se filtran en el campo de lo social, económico, cultural, racial. Hablar de epistemologías feministas es estar dispuestas a reclamar y crear una nueva ciencia que se abra a la pluralidad de voces y experiencias posibles.

Mujeres científicas en la cultura popular

La cultura popular nos atraviesa completamente en cada segundo de nuestras vidas. No hay día que pase en el cual la música, la televisión, el cine, la literatura, o la publicidad no esté presente de un modo u otro. La cultura popular puede tener múltiples formas, puede ser social, secreta, frívola, placentera, e incluso comprometida y es el espacio que muchos activistas han utilizado para discutir los derechos de la mujer, y por eso no debe quedar por fuera del análisis (ZEISLER, 2008). A causa de ello analizar qué es lo que sucede en aquellas expresiones que son consumidas constantemente, muchas veces sin reflexión, por la sociedad es de vital importancia para entender cómo es posible que ciertas ideas, conceptos o conductas tenga tan profundas raíces. El problema de las mujeres y la ciencia del que venimos hablando no es la excepción, y ver cómo son representadas en el cine y la tv da cuenta de la difusión de muchas de las características que las epistemólogas feministas han denunciado a nivel masivo.

Suele ocurrir con mucha regularidad que, si los personajes femeninos que se desempeñan como científicas en estas historias, se muestran competentes, adecuándose completamente a los ideales del buen científico, entonces dejan de ser vistos como mujeres (con toda la carga social y cultural que esa categoría demanda) pasando así a perder su femineidad, para convertirse, básicamente, en la versión femenina del hombre. Se suelen encontrar en ellas, como rasgos fundamentales de su personalidad, el desapego extremo, muchas veces traducido en la idea expresa de no ser madres, como si eso significara una debilidad que las sacaría del lugar que han obtenido. Otra característica es el pensamiento lógico y riguroso, que siempre aparece como aquello que las separa del resto de las mujeres, con las cuáles estos personajes no tienen casi relación. Las mujeres científicas que aparecen en la cultura popular se desempeñan en contextos dominados y estructurados en torno a lo masculino, y ellas tienden a no relacionarse con otras mujeres y menos fuera del ámbito laboral, lo cual muestra una profunda soledad.

Un ejemplo de esto podrían ser Dana Scully de The X-Files, una de las series norteamericanas más importantes de la década del ’90 emitida entre 1993 y 2002. Lo interesante de este caso particular, que sirve al análisis, es que no sólo Scully presenta muchas de las características anteriormente mencionadas, sino también la otra mitad de la pareja protagónica, Fox Mulder, presentan las características contrarias a Scully: se encuentra completamente comprometido con las investigaciones, es extremadamente intuitivo y está abierto a la posibilidad de explicaciones que excedan el ámbito de la ciencia. Pero la construcción que se instaura alrededor de estos personajes está planteada para que el espectador tienda a alinearse con Mulder, dado que, principalmente en las primeras dos temporadas, tendemos a ver cosas que Scully no ve y que son los hechos que le sirven a Mulder para mantener su postura. Ante esto, la racionalidad de Scully muchas veces resuena como excesiva y llega incluso a parecer irracional y poco flexible.

Scully definitivamente aparece como un personaje (mujer) excepcional, que ha logrado abrirse paso en un mundo dominado por los hombres, pero que sin embargo debe reafirmarse en el lugar ganado. Parece entonces que el precio que hay que pagar es el de dejar de lado su ser mujer, su feminidad, para asemejarse a un modelo androcéntrico que de otro modo la excluye. Podríamos enmarcar el tratamiento de este caso dentro de la crítica feminista que autoras como Sandra Harding ha realizado, podría considerarse incluso la traducción que la cultura popular hace de este problema.

Siguiendo con el ejemplo de Dana Scully no debemos dejar de lado que, aún en con las imperfecciones que podemos encontrar en, ha tenido un impacto muy fuerte en las mujeres científicas, como demuestra el denominado Efecto Scully (KENNEDY, 2016).  Muchas mujeres que durante los años ’90 crecieron viendo a este personaje fuerte, seguro de sus convicciones, altamente capaz y competente en su campo, que les demostraba una y otra vez que ellas también podían hacer lo mismo. Muchas de las mujeres que hoy son científicas encontraron en Scully un modelo a seguir.

Como consecuencia podemos comprender que la representación de científicas mujeres en la cultura popular es un logro muy importante que ayuda a empujar los límites de la ciencia. Sin embargo, eso no significa, bajo ningún, punto de vista que sea suficiente. El hecho de estar destacando la presencia femenina en la ciencia marca que todavía es visto como novedoso, como distinto, como digno de ser resaltado. La realidad nos ha demostrado que con la llegada de personajes femeninos que hacen ciencia, el número de mujeres que eligen dedicarse a carreras duras, se ha elevado.

Existe aún mucho terreno por conquistar y muchas más batallas por ganar porque, por ejemplo, todavía no hay grandes exponentes de color, o latinas, o perteneciente a cualquier otra minoría ocupando estos espacios en forma regular. Lo que pretendemos demostrar es, en última instancia, que el problema está presente en todos los ámbitos y que no debemos desestimar ninguno de ello.

Bibliografía

BACH, A. M. (2010). El rescate del conocimiento. Temas de Mujeres Nr. 6, 05-30.

FOX KELLER, E. (1991). Reflexiones sobre Género y Ciencia. Valencia: Alfons el Magnamin.

HARDING, S. (1987). ¿Existe un método feminista? Bloomington/ Indianapolis: Indiana University Press.

HILL, C., CORBETT, C., & ST. ROSE, A. (2010). Why So Few? Women in Science, Technology, Engineering, and Mathematics. Obtenido de AAUW: https://www.aauw.org/files/2013/02/Why-So-Few-Women-in-Science-Technology-Engineering-and-Mathematics.pdf

KENNEDY, S. (2016). The Scully Effect. Obtenido de Fresh U: https://unc.freshu.io/sia-kennedy/the-scully-effect

MAFFIA, D. (2007). Epistemología feminista: la subversión semiótica de las mujeres en la ciencia. Revista Venezolana de Estudios de la Mujer Nr. 28 “Filosofía Feminista”.

ZEILSER, A. (2008). Feminism and Pop Culture. Berkely, California: Seal Press.

 

 

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